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Cláusula de IA en el contrato de honorarios del abogado

· Escrito y mantenido por Nonimo

El contrato de honorarios del abogado ya dice cuánto se cobra, cuándo y por qué tareas. Lo que casi nunca dice es cómo se hace el trabajo, y hoy una parte de ese trabajo pasa por ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot: el primer borrador de un escrito, el resumen de una causa, la revisión de un contrato que trajo el cliente. Una cláusula de IA en el contrato de honorarios pone eso por escrito antes de que el cliente lo pregunte.

Esta guía explica por qué conviene incluirla, qué pide la ley argentina del contrato de honorarios, cómo redactar la cláusula en dos versiones según lo que de verdad hagas, qué no conviene prometer y cómo cumplirla todos los días sin depender de la memoria de nadie.

¿Hay que avisarle al cliente que usás IA?

No hay una ley argentina que lo diga con esas palabras. Pero hay tres normas que, leídas juntas, empujan en esa dirección.

La primera es la ley de tu profesión. La Ley 23.187, que regula la abogacía en la Ciudad de Buenos Aires, pone entre los deberes específicos del abogado comportarse con lealtad, probidad y buena fe en el desempeño profesional (artículo 6, inciso e) y observar con fidelidad el secreto profesional, salvo autorización fehaciente del interesado (artículo 6, inciso f). En las provincias rige la ley de cada colegio, y conviene que revises la tuya. Si vas a usar una herramienta externa con información del caso, contarlo es una forma concreta de lealtad. Y si alguna vez los datos del cliente tienen que llegar a esa herramienta, la «autorización fehaciente» del inciso f es justamente lo que la cláusula puede documentar.

La segunda es el Código Civil y Comercial. El contrato con tu cliente es, en general, un contrato de servicios: el artículo 1251 lo define como el que obliga a una persona, actuando independientemente, a proveer un servicio mediante una retribución. El artículo 1253 dice que, a falta de ajuste sobre el modo de hacer el trabajo, el prestador decide libremente los medios de ejecución. Y el 1256 obliga al prestador a ejecutar el contrato conforme a los conocimientos razonablemente requeridos por el arte, la ciencia y la técnica de su actividad, y a informar al comitente sobre los aspectos esenciales del cumplimiento. Leído así, la IA es un medio que podés elegir, pero contar cómo lo usás es parte de informar bien.

La tercera es la ley de datos personales. La Ley 25.326 obliga a informar a la persona, cuando se recaban sus datos, la finalidad para la que serán tratados y quiénes pueden ser sus destinatarios (artículo 6). Si los datos de tu cliente van a llegar a un proveedor de IA, ese proveedor es un destinatario. Si los tapás antes, no lo es. La cláusula dice cuál de las dos cosas pasa en tu estudio.

El contrato de honorarios del abogado: lo que pide la ley

La cláusula de IA va dentro de un contrato que ya tiene sus propias reglas, así que conviene repasarlas.

Para los asuntos de competencia de la justicia nacional o federal, la Ley 27.423 de honorarios profesionales de abogados, procuradores y auxiliares de la justicia nacional y federal dice en su artículo 4 que abogados y procuradores pueden pactar con sus clientes, en todo tipo de casos, el monto de sus honorarios sin otra sujeción que esa ley y el Código Civil y Comercial. Y agrega dos cosas que importan acá: el contrato se efectivizará por escrito y no admitirá otra prueba de su existencia que la exhibición del propio documento o el reconocimiento de la parte obligada al pago.

En las provincias rige la ley arancelaria local, y cada colegio suele tener su modelo de contrato. La cláusula de IA no cambia nada de eso: no toca el monto, ni el pacto de cuota litis, ni la forma de pago. Es un párrafo más, sobre el modo de trabajar, que se suma al contrato que ya usás.

Una aclaración sobre el precio. El artículo 1255 del Código Civil y Comercial dice que el precio se determina por el contrato, la ley, los usos o, en su defecto, por decisión judicial. Usar IA no te obliga a cobrar menos, ni la cláusula tiene que hablar de eso. Si querés contarle al cliente que la IA acelera ciertas tareas, hacelo fuera de la cláusula de honorarios, para que no se lea como una promesa de descuento.

La cláusula de IA, en dos versiones

La diferencia entre las dos versiones está en un solo punto: si los datos del cliente llegan a la herramienta o no. Elegí la que describa lo que de verdad hacés, no la que suene mejor.

Versión A: los datos se tapan antes de usar la IA

CLÁUSULA [X]. USO DE HERRAMIENTAS DE INTELIGENCIA
ARTIFICIAL.
EL ABOGADO podrá apoyarse en herramientas de
inteligencia artificial de proveedores externos
para redactar, resumir, traducir o revisar
escritos y documentos relacionados con el asunto
encomendado.
Antes de usarlas, EL ABOGADO reemplazará en su
propia computadora los nombres, documentos de
identidad, CUIT o CUIL, domicilios, correos,
teléfonos y demás datos que identifiquen a
EL CLIENTE o a terceros por marcadores genéricos,
de modo que esos datos no se envíen a dichos
proveedores.
Todo resultado obtenido con estas herramientas será
revisado por EL ABOGADO antes de presentarse o
entregarse, y EL ABOGADO conserva íntegra su
responsabilidad profesional y su deber de secreto.

Esta versión es la más fácil de cumplir y de explicar. Le dice al cliente que usás IA, que sus datos no viajan y que vos respondés por el resultado. Para no prometer de más, la frase dice «reemplazará en su propia computadora»: describe lo que hacés, no un resultado que no controlás.

Versión B: los datos llegan a la herramienta

CLÁUSULA [X]. USO DE HERRAMIENTAS DE INTELIGENCIA
ARTIFICIAL.
EL ABOGADO podrá apoyarse en herramientas de
inteligencia artificial de proveedores externos
para redactar, resumir, traducir o revisar
escritos y documentos relacionados con el asunto
encomendado. Para ello utilizará únicamente
cuentas contratadas a nombre del estudio, cuyas
condiciones excluyan el uso de la información
para entrenar modelos.
EL CLIENTE autoriza en forma expresa que la
información del asunto, incluidos sus datos
personales, sea tratada por dichos proveedores
con esa única finalidad. Puede revocar esta
autorización en cualquier momento por escrito.
Todo resultado obtenido con estas herramientas será
revisado por EL ABOGADO antes de presentarse o
entregarse, y EL ABOGADO conserva íntegra su
responsabilidad profesional.

La versión B obliga a más trabajo fuera del contrato. Tenés que leer las condiciones del proveedor y guardar la versión que aceptaste. Tenés que revisar si esos datos viajan fuera del país, porque el artículo 12 de la Ley 25.326 restringe la transferencia de datos personales a países u organismos que no proporcionen niveles de protección adecuados. Y si el asunto tiene datos sensibles, como un diagnóstico en un juicio por daños o una cuestión de familia, pensá dos veces si de verdad necesitás que lleguen al chat. Antes de elegirla, revisá si es seguro usar ChatGPT con datos de trabajo, o la guía de la herramienta que uses.

Por eso, a nuestro criterio, la versión A es la que conviene a casi todos los estudios: no depende del contrato con un proveedor extranjero ni de que el cliente entienda una autorización larga.

Qué no conviene prometer

Hay frases que suenan bien y no se pueden sostener.

La frase que sí se puede firmar describe lo que hacés, dónde lo hacés y quién revisa. Nada más.

Un ejemplo: la liquidación de honorarios con marcadores

La cláusula se cumple en tareas muy concretas. Tomemos una que hacen todos los estudios: el mail al cliente con la liquidación de honorarios. Así quedaría el pedido antes de tapar nada:

Liquidación de honorarios: sucesión, etapa de declaratoria

Cliente: Nuria Solé Domènech
CUIL: 20-00000000-5
Domicilio: Calle Inexistente 0
Correo: cliente@example.com

Armá el mail al cliente con el detalle: honorarios pactados en el contrato del 3 de marzo, primera cuota pagada, falta la segunda. Tono cordial.

Y así lo recibe el chat después de la tecla de Nonimo, tal cual lo devuelve el motor:

Liquidación de honorarios: sucesión, etapa de declaratoria

Cliente: [PERSONA_1]
CUIL: [CUIT_1]
Domicilio: [DIRECCION_1]
Correo: [CORREO_1]

Armá el mail al cliente con el detalle: honorarios pactados en el contrato del 3 de marzo, primera cuota pagada, falta la segunda. Tono cordial.

El tipo de asunto, la fecha del contrato y lo que falta pagar siguen enteros, y con eso la IA ya puede redactar. Escribe el mail con [PERSONA_1] donde iría el nombre; cuando copiás la respuesta y apretás la misma tecla, el nombre vuelve a su lugar en tu pantalla. El CUIL sale como [CUIT_1] porque los dos números comparten formato. Eso es exactamente lo que promete la versión A: los datos se reemplazan en tu computadora y no llegan al proveedor.

Lo mismo sirve para el contrato en sí. Si usás un generador de contratos con IA para armar el borrador del contrato de honorarios, pedile el modelo con marcadores y completá los datos reales después, en tu computadora. El ejemplo de una cláusula de honorarios con los datos tapados está en IA para abogados, y no lo repetimos acá.

La política de privacidad del estudio: la otra mitad

La cláusula le habla al cliente que firma el contrato. Pero en un asunto aparecen otras personas: la contraparte, los testigos, los herederos de una sucesión, el empleador en un juicio laboral. Ellos no firman tu contrato de honorarios, y sus datos también están en los escritos que pasan por la IA.

Para ellos sirve la política de privacidad del estudio, si la tenés publicada, y sobre todo la práctica de tapar sus datos igual que los del cliente. La versión A de la cláusula habla de «EL CLIENTE o terceros» a propósito: no tiene sentido cuidar el nombre de tu cliente y mandar entero el de la contraparte. Qué conviene decir en esa política cuando usás IA lo explicamos en inteligencia artificial y protección de datos.

Y la cláusula tiene una pieza gemela hacia adentro: la política de uso de IA del estudio, que le dice a cada abogado, procurador y pasante qué herramienta usar y qué no pegar. Sin ella, la cláusula es una promesa que depende de que todos adivinen la regla. Te dejamos un modelo en la política de uso de IA en la empresa.

Cómo adaptarla a cada tipo de asunto

La versión A sirve para casi todo, pero cada fuero tiene datos propios que conviene nombrar o, al menos, tener en cuenta cuando se aplica.

En ningún caso hace falta escribir todo esto en la cláusula. Alcanza con que el estudio lo sepa y lo haga. Si un cliente pregunta, esta lista es la respuesta.

Contadores, escribanos y otros profesionales

La cláusula está escrita para el abogado, pero la estructura es la misma para cualquier profesional que firma un contrato con su cliente: qué herramienta se usa, qué datos llegan y quién revisa.

Un estudio contable la suma a su carta de encargo, cambiando «EL ABOGADO» por «EL PROFESIONAL» y agregando a la lista de datos la clave fiscal, que nunca debería llegar a un chat. Cómo se trabaja con la IA en un estudio contable sin sacar los datos del cliente lo contamos en IA para contadores.

Un escribano no suele firmar un contrato de honorarios como el del abogado, pero puede incluir el párrafo en el presupuesto o en la solicitud de escritura. Su deber de secreto y los datos de una escritura los repasamos en IA en la escribanía.

Cumplir la cláusula sin depender de la memoria

Escribir la cláusula es fácil. Cumplirla todos los días, con un procurador apurado un viernes a la tarde, es otra cosa. Si tapar los datos del cliente cuesta cinco minutos de edición manual, se va a cumplir el primer mes y después no.

Para eso hicimos Nonimo. Es una aplicación para Windows y Mac, con extensión para el navegador. Seleccionás el escrito, apretás una tecla y, en tu computadora, los nombres que van con su rótulo, como «Cliente:» o «Demandada:», los correos, los teléfonos con +54 y, rotulados en su propia línea, el DNI, el CUIT o el CUIL, el número de trámite del DNI y el domicilio se cambian por marcadores. Pegás en el chat que uses. Cuando copiás la respuesta y apretás la misma tecla, los datos vuelven a su lugar. A nosotros no nos llega ni una palabra de tus escritos.

Lo que es propio de cada asunto, como el número de expediente, el juzgado o la matrícula de un inmueble, lo cambiás vos por una etiqueta antes de pegar. Y si lo que necesitás es mandar un archivo completo sin los datos de terceros, podés censurar un PDF para que el dato desaparezca de verdad y no quede escondido debajo de un recuadro negro.

Con eso, la versión A de la cláusula deja de ser una promesa y pasa a ser una descripción de cómo trabaja el estudio. Si algún día un dato del cliente llega igual a un chat por error, actuá rápido y dejá constancia, como explicamos en qué hacer ante un incidente de seguridad con IA.

Y si querés entender por qué todo esto importa más allá del contrato, el fondo del asunto está en el secreto profesional del abogado frente a la inteligencia artificial.

Cuando el cliente es una empresa con su propia política de IA

Con clientes corporativos, a veces la pregunta viene al revés: no sos vos el que cuenta cómo usa la IA, sino la empresa la que te manda su política de proveedores y te pide que la cumplas. Algunas prohíben cualquier herramienta de IA con su información; otras la permiten con condiciones; otras piden que les avises antes.

Antes de firmar, leé esa política con la misma atención que el contrato de honorarios. Si prohíbe la IA sin matices, la versión A de la cláusula no alcanza: tenés que dejar constancia de que en ese asunto no se usa, y avisarle a todo el equipo que trabaje en él. Si la permite con datos tapados, la versión A suele encajar sin cambios, y conviene citar la política del cliente en la cláusula para que quede claro que la conocés.

Lo que no conviene es firmar una política ajena sin saber si la podés cumplir. Si el cliente pide, por ejemplo, que ninguna información del asunto salga de los equipos del estudio, preguntá si eso incluye un texto con los datos reemplazados por marcadores. La mayoría de las veces la respuesta es que sí se puede, siempre que nadie pueda saber de qué cliente se trata. Pero esa respuesta tiene que estar por escrito, en un mail o en una adenda.

Y guardá todo junto: el contrato de honorarios con la cláusula, la política del cliente y la respuesta a cualquier cuestionario que te hayan mandado. Si dentro de dos años alguien pregunta cómo se trabajó ese asunto, vas a tener la respuesta en una carpeta. Es la misma carpeta que te va a servir si un día tenés que reclamarle a un seguro de ciberriesgo.

Corresponsales, peritos y otros estudios: la cadena del secreto

Un asunto rara vez lo trabaja una sola persona. Hay un corresponsal en otra provincia que presenta un escrito, un perito contable que hace una liquidación, un consultor técnico que revisa un informe, otro estudio que lleva una parte del caso. Cada uno puede estar usando IA a su manera.

La cláusula del contrato de honorarios habla de EL ABOGADO, pero el cliente va a entender que habla del estudio y de todos los que trabajen en su asunto. Por eso, cuando mandás información a un corresponsal o a un perito, conviene que sepa cómo trabajás con la IA y que haga lo mismo. Alcanza con una línea en el mail en que le pasás el material: «En este asunto, los datos del cliente y de terceros no se pegan en herramientas de IA sin taparlos antes».

La Ley 25.326 tiene una regla útil para pensar esto. Su artículo 10 extiende el deber de secreto al responsable y a todas las personas que intervengan en cualquier fase del tratamiento de los datos. No es sólo tu deber: es el de cada persona que toca esos datos. Que el corresponsal lo sepa no le quita nada a tu responsabilidad, pero cierra un agujero que de otro modo quedaría abierto.

La cláusula en el abono mensual y en la consultoría

Muchos estudios trabajan con empresas por un abono mensual, sin un contrato por asunto. Ahí la cláusula va en el acuerdo de abono, con una diferencia: como cubre muchos asuntos distintos, conviene que hable de «los asuntos encomendados» en plural y que prevea que el cliente pueda excluir alguno puntual.

Una forma simple es agregar al final de la versión A una frase como esta: «EL CLIENTE podrá indicar por escrito los asuntos en los que no desee que se utilicen estas herramientas». Con eso, el cliente tiene una salida para el asunto delicado, y el estudio no tiene que renegociar el abono cada vez.

En la consultoría pasa algo parecido. Un dictamen o un informe para una empresa puede tener datos de sus empleados, de sus clientes o de sus proveedores. El criterio es el mismo de siempre: se tapa lo que señala a una persona y se queda lo que la IA necesita para ayudarte, que casi nunca es el nombre.

Cómo presentar la cláusula al cliente

Un último consejo práctico. No escondas la cláusula entre la jurisdicción y el domicilio constituido. Mencionala cuando le explicás el contrato al cliente, en una frase: «Usamos herramientas de inteligencia artificial para algunos borradores; tus datos no llegan a esas herramientas y todo lo revisa un abogado del estudio».

La mayoría de los clientes no va a preguntar más. Los que pregunten, generalmente empresas con su propio departamento de cumplimiento, van a valorar que lo hayas dicho antes de que lo preguntaran. Y si alguna vez te llega un cuestionario de seguridad de un cliente corporativo, la cláusula firmada es una de las pruebas que vas a poder adjuntar.

Tampoco hace falta convertir la cláusula en un tema de conversación cada vez. Una vez firmada, lo que el cliente va a notar no es el párrafo, sino cómo trabaja el estudio: que los escritos llegan a tiempo, que las respuestas son claras y que nunca vio su nombre donde no correspondía. La cláusula es la promesa; el trabajo de todos los días es lo que la cumple. Y si en algún momento el estudio deja de usar IA o cambia la forma de hacerlo, corregí la cláusula en los contratos nuevos y avisales a los clientes que ya firmaron.

Revisá la cláusula cuando cambies de herramienta o cuando el proveedor cambie sus condiciones, igual que revisás el resto del contrato. Y si un cliente no quiere que uses IA en su asunto, anotalo en el legajo y respetalo: la cláusula dice «podrá», no «deberá».

Nonimo es el software que hace esto en tu propia computadora: tapa nombres, mails y expedientes antes de que el texto llegue a ChatGPT. Sin cuenta, y la app lo hace sin que los datos de tus clientes salgan de tu equipo.

Preguntas frecuentes

¿Tengo que avisarle al cliente que uso inteligencia artificial?

Ninguna ley argentina lo exige con esas palabras. Pero la Ley 23.187 pide al abogado lealtad, probidad y buena fe y le impone el secreto profesional, y el Código Civil y Comercial obliga a quien presta un servicio a informar al cliente sobre los aspectos esenciales del cumplimiento. Una cláusula en el contrato de honorarios resuelve las dos cosas en un párrafo.

¿El contrato de honorarios tiene que ser por escrito?

Para los asuntos de competencia de la justicia nacional o federal, sí: la Ley 27.423 dice en su artículo 4 que el contrato se efectivizará por escrito y no admitirá otra prueba que el documento o el reconocimiento de quien paga. En las provincias rige la ley arancelaria local. Cuando el contrato está por escrito, sumarle la cláusula de IA no cuesta nada.

¿Qué versión de la cláusula me conviene?

La que describa lo que de verdad hacés. Si tapás los datos del cliente en tu computadora antes de pegar en el chat, la versión A es más simple y más fácil de cumplir. Si los datos llegan a la herramienta, necesitás la versión B, con el consentimiento expreso del cliente y la revisión de las condiciones del proveedor.

¿Puedo usar un generador de contratos con IA para armar el contrato de honorarios?

Sí, siempre que no le pegues los datos del cliente. Pedile el modelo con marcadores, como [PERSONA_1] o [DNI_AR_1], revisalo con la ley arancelaria que te corresponda y completá los datos reales en tu computadora. Lo que el generador escriba lo firmás vos, así que leelo entero.

¿La cláusula de IA me libera de responsabilidad si la IA se equivoca?

No, y no conviene redactarla como si lo hiciera. El abogado responde por su trabajo, lo haya escrito con o sin ayuda. La cláusula sirve para informar al cliente y fijar cómo trabajás, no para trasladarle el riesgo de un error.

¿Sirve la misma cláusula para contadores y escribanos?

La estructura sí: qué herramienta se usa, qué datos llegan y quién revisa. Lo que cambia es la norma de cada profesión y los datos de cada rubro. Un contador la adapta a su carta de encargo, y un escribano, al presupuesto o la solicitud de escritura.

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