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Secreto profesional del abogado e inteligencia artificial

· Escrito y mantenido por Nonimo

El secreto profesional del abogado es lo que hace que un cliente te cuente todo. Y hoy, en muchos estudios, una parte de ese «todo» pasa por ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot: el resumen de una causa, el borrador de una demanda, la revisión de un contrato. La ley argentina no prohíbe usar inteligencia artificial. Lo que pide es que el secreto del cliente no salga del estudio sin su autorización.

La buena noticia es que la IA no necesita ese secreto para ayudarte. Necesita los hechos, los plazos y los argumentos, no la identidad del cliente. Esta guía explica qué dicen la ley de la abogacía, el Código Penal y la ley de datos personales, cómo pensar la pregunta de si pegar un expediente rompe el secreto y qué tapar antes de hacerlo.

Qué es el secreto profesional del abogado en Argentina

La regla base está en la ley que regula tu matrícula. En la Ciudad de Buenos Aires es la Ley 23.187, que trata el secreto dos veces.

Primero como deber. El artículo 6 enumera los deberes específicos de los abogados, y su inciso f dice: observar con fidelidad el secreto profesional, salvo autorización fehaciente del interesado. Fijate en las dos palabras de la excepción. «Fehaciente» quiere decir que se pueda probar, y en la práctica, por escrito. «Interesado» es el cliente, no el abogado ni el estudio.

Después como derecho. El artículo 7, inciso c, pone entre los derechos específicos del abogado el de guardar el secreto profesional. Es la cara que mira hacia afuera: frente a un juez o a la contraparte, el abogado puede negarse a revelar lo que su cliente le confió. El mismo artículo, en su inciso e, protege la inviolabilidad del estudio profesional como resguardo de la defensa en juicio.

Dos detalles sobre el alcance. La Ley 23.187 rige en la Ciudad de Buenos Aires, donde matricula el Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal. En cada provincia hay una ley propia del ejercicio de la abogacía y un colegio con su código de ética, y casi todas tratan el secreto con un criterio parecido. Si matriculás en una provincia, buscá la tuya: la regla de fondo es la misma, pero los matices y las sanciones cambian.

El otro detalle es que el secreto cubre lo que el cliente te confió, no sólo los papeles. Está en el escrito, en el mail, en la nota de la reunión y en tu memoria. Y cubre también lo que supiste por el asunto aunque no te lo haya contado el cliente, como lo que surge de la documentación de la contraparte.

Cuándo revelar un secreto es delito

El Código Penal tiene un artículo que todo abogado conoce de memoria, pero que conviene releer con la IA en la cabeza. El artículo 156 reprime con multa e inhabilitación especial, en su caso, de seis meses a tres años, a quien, teniendo noticia por razón de su estado, oficio, empleo, profesión o arte, de un secreto cuya divulgación pueda causar daño, lo revelare sin justa causa.

Tres elementos. Que lo hayas conocido por tu profesión, y casi todo lo que está en un expediente cumple eso. Que su divulgación pueda causar daño, que no exige un daño concreto, alcanza con que sea posible. Y que no haya justa causa, que es una cuestión de cada caso.

El artículo 157 bis suma otra figura que conviene conocer: reprime con prisión de un mes a dos años a quien ilegítimamente proporcionare o revelare a otro información registrada en un archivo o banco de datos personales cuyo secreto estuviere obligado a preservar por disposición de la ley. Un estudio que lleva una base de clientes, aunque sea una planilla, tiene un archivo de datos personales.

Ni el Código Penal ni la Ley 23.187 mencionan la inteligencia artificial. Pero lo que protegen está claro: el asunto que el cliente confió. Y eso se puede cuidar desde el primer día, sin esperar a que un tribunal diga si pegar un expediente en un chat es o no «revelar».

La Ley 25.326: el secreto también sobre los datos

La ley de protección de datos personales agrega una capa que muchas veces se olvida. El artículo 10 de la Ley 25.326 dice que el responsable y las personas que intervengan en cualquier fase del tratamiento de datos personales están obligados al secreto profesional respecto de los mismos, y que esa obligación subsiste aun después de terminada la relación con el titular del archivo.

Es un secreto distinto del de la Ley 23.187. No nace de la confianza del cliente, sino del simple hecho de tratar datos personales. Y alcanza a todos: al socio, al asociado, a la secretaria que tipea y al pasante que arma la carpeta.

El artículo 9 completa la idea: hay que adoptar las medidas técnicas y organizativas necesarias para garantizar la seguridad y confidencialidad de los datos, de modo de evitar su consulta o tratamiento no autorizado. Qué más pide esa ley, y cómo se aplica cuando aparece la IA, lo explicamos en habeas data y la Ley 25.326.

¿Pegar un expediente en ChatGPT rompe el secreto profesional?

Depende de lo que pegues. Nuestro criterio, prudente, es este: si el texto identifica al cliente y su asunto, lo estás comunicando a una empresa ajena al estudio, que lo procesa en sus servidores y muchas veces lo guarda. Que esa empresa sea seria y tenga buenas condiciones no cambia que el asunto salió del estudio. Si el texto no permite saber de quién se trata, lo que la IA recibe es un caso, no el secreto de una persona.

Hay dos salidas, y son compatibles. La primera es contratar una herramienta con condiciones que excluyan el entrenamiento con tus datos y limiten la conservación. Ayuda, pero depende del contrato con un proveedor extranjero que no controlás y que puede cambiar. Lo que cada uno dice hacer con tus datos lo repasamos en si es seguro usar ChatGPT.

La segunda es tapar los datos del cliente antes de pegar. Esa no depende de nadie más: lo que no sale del estudio no se puede revelar. A nuestro juicio es la que mejor encaja con la Ley 23.187, porque no necesita la autorización del cliente para funcionar, y con el artículo 9 de la Ley 25.326, porque es una medida concreta en el lugar donde está el riesgo.

Y si alguna vez sí necesitás que los datos lleguen a la herramienta, por ejemplo para una traducción en la que el nombre importa, la ley te da el camino: la autorización fehaciente del cliente. La forma más simple de tenerla es una cláusula en el contrato de honorarios, y te dejamos dos versiones en la cláusula de IA en el contrato de honorarios.

Qué tapar del expediente antes de pegarlo en la IA

La pregunta útil no es «¿qué datos tiene el escrito?», sino «¿qué permitiría saber de quién es este asunto?». En un expediente argentino, la lista suele ser esta:

DatoDónde apareceQué hacer
Nombre del cliente, la contraparte y los testigosencabezado, hechos, firmascambiarlo por [PERSONA_1], [PERSONA_2]
DNI, CUIT y CUILpoderes, contratos, constanciastaparlos siempre
Domicilio real y constituidoencabezado, cédulastaparlo, también el de la contraparte
Correo y teléfonodatos de contacto, anexostaparlos
Número de expediente y juzgadocarátula, proveídoscambiarlos por [EXPEDIENTE] y [JUZGADO]
CBU, matrícula de un inmueble, dominio de un autosucesiones, embargos, dañostaparlos a mano
Fechas exactashechos, actuacionesdejar sólo las que importan para un plazo
Montos poco comunesliquidaciones, conveniosredondearlos si la cifra exacta no importa
Nombre de la empresa del clientecontratos, poderescambiarlo por [EMPRESA_1]

La IA necesita todo lo demás: qué pasó, en qué orden, qué se pide, qué dice el contrato, cuál es el plazo. Con eso redacta, resume y argumenta igual de bien.

Dos lugares donde se cuelan datos sin que nadie lo note. El primero son los encabezados y pies de los escritos: la carátula completa, el domicilio constituido, el correo del estudio y el teléfono del cliente para notificaciones. Si copiás un escrito entero desde el procesador de textos, todo eso viaja aunque la consulta sea sobre un solo párrafo. El segundo son las cédulas y las notificaciones electrónicas que se reenvían para pedir un resumen: llevan los datos de las partes, del juzgado y a veces de terceros que ni siquiera son clientes del estudio. Copiá sólo la parte que necesitás y pasala por la tecla antes de pegar.

Un ejemplo, antes y después

Así se ve el arranque de una consulta antes de tapar nada:

Hechos para la contestación de demanda

Demandada: Nuria Solé Domènech
DNI 00.000.000
Domicilio: Calle Inexistente 0
Tel.: +54 9 11 0000-0000

La actora reclama tres meses de alquiler. Mi clienta pagó por transferencia y conserva los comprobantes. Ordená los hechos y proponé las defensas.

Y así lo recibe el chat después de la tecla de Nonimo, tal cual lo devuelve el motor:

Hechos para la contestación de demanda

Demandada: [PERSONA_1]
DNI [DNI_AR_1]
Domicilio: [DIRECCION_1]
Tel.: [TELEFONO_1]

La actora reclama tres meses de alquiler. Mi clienta pagó por transferencia y conserva los comprobantes. Ordená los hechos y proponé las defensas.

Los hechos y la instrucción siguen completos. La IA puede ordenar los hechos y proponer defensas; lo que no puede es saber de quién es el asunto. Cuando copiás su respuesta y apretás la misma tecla, el nombre, el DNI y el domicilio vuelven a su lugar en tu pantalla.

Tapar el nombre no siempre alcanza

Un asunto también se reconoce por su contexto. Una demanda contra la única empresa de un rubro en una ciudad chica, una fecha muy concreta o una cifra que salió en los diarios pueden señalar al cliente sin nombrarlo.

Antes de pegar, hacete una pregunta: ¿alguien que conozca el asunto lo reconocería leyendo este texto? Si la respuesta es sí, cambiá también esos detalles. La diferencia entre tapar datos y anonimizar del todo la explicamos en anonimización y disociación de datos.

Hay una categoría que merece un cuidado especial. Un diagnóstico en un juicio por daños, la religión en una cuestión de familia o la afiliación sindical en un juicio laboral son datos sensibles para la Ley 25.326. Nonimo no los tapa, porque muchas veces son justamente lo que la IA necesita para ayudarte. Si el escrito no los necesita, sacalos vos. Qué entra en esa categoría lo contamos en datos sensibles.

Lo que sí podés hacer con la IA sin tocar el secreto

Esta guía puede dejar la impresión de que todo uso de la IA en un estudio es un riesgo. No es así. Una buena parte del trabajo con IA no toca ningún secreto, porque no lleva datos de nadie.

El secreto entra en juego cuando el texto lleva algo del cliente: su identidad, su asunto o lo que te contó. Ahí es donde se aplica todo lo anterior.

Cuándo el secreto cede

El secreto profesional no es absoluto, y conviene tener presentes sus límites para no sobreactuar ni quedarse corto.

El primero ya lo vimos: la autorización fehaciente del interesado, que prevé el inciso f del artículo 6 de la Ley 23.187. Si el cliente te autoriza por escrito a usar sus datos en una herramienta de IA, el secreto no se rompe por hacerlo. La autorización tiene que ser concreta: no alcanza con una frase genérica perdida en un formulario.

El segundo es la justa causa del artículo 156 del Código Penal. La ley no la define, y su alcance se discute caso por caso. Lo que sí es claro es que la comodidad de usar una herramienta no es una justa causa para revelar un secreto: si podés lograr el mismo resultado sin revelarlo, tapando los datos, no hay causa que justifique hacerlo.

El tercero está en la propia Ley 25.326. Su artículo 10, inciso 2, prevé que el obligado puede ser relevado del deber de secreto por resolución judicial y cuando medien razones fundadas relativas a la seguridad pública, la defensa nacional o la salud pública. Ninguno de esos supuestos tiene que ver con usar un chat para redactar más rápido.

Cómo trabajar así todos los días sin perder tiempo

Hacerlo a mano funciona para una consulta. Para veinte por día, en un estudio con procuradores y asociados, se olvida. Para eso hicimos Nonimo.

Es una aplicación para Windows y Mac, con extensión para el navegador. Seleccionás el escrito, apretás una tecla y, en tu computadora, los nombres que van con su rótulo, como «Cliente:», «Actora:» o «Demandada:», los correos, los teléfonos con +54 y, rotulados en su propia línea, el DNI, el CUIT o el CUIL, el número de trámite del DNI y el domicilio se cambian por marcadores como [PERSONA_1]. Pegás en ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot. Cuando copiás la respuesta y apretás la misma tecla, los datos vuelven a su lugar. A nosotros no nos llega ni una palabra de tus escritos.

Lo que es propio de cada asunto, como el número de expediente, el juzgado o un CBU, lo cambiás vos por una etiqueta antes de pegar, como en la tabla. Para documentos completos, nuestras herramientas en línea hacen el mismo cambio en un PDF, un Word o un Excel.

Cómo se aplica esto en el día a día de un estudio, con la demanda, la contestación y el contrato de honorarios, lo contamos en IA para abogados.

Que todo el estudio lo haga igual

El secreto profesional no es sólo del abogado que firma. Como vimos, la Ley 25.326 lo extiende a todas las personas que intervienen en el tratamiento de los datos. Y la Ley de Contrato de Trabajo, en su artículo 85, pide al trabajador guardar reserva o secreto de las informaciones a que tenga acceso y que exijan tal comportamiento. La secretaria que resume una causa en Gemini y el pasante que pega en ChatGPT la carta documento de un cliente para corregirla están en la misma situación que el socio.

Por eso conviene una regla escrita, corta y firmada, que diga qué herramientas se usan, qué no se pega nunca y cómo se tapan los datos antes de pegar. Una página alcanza, y te dejamos un modelo en la política de uso de IA en la empresa.

La regla escrita ayuda, pero lo que la vuelve real es que cumplirla no cueste. En un estudio de varios abogados, lo práctico es que sistemas instale la extensión del navegador en todas las computadoras por política, para que los datos se tapen al pegar sin que nadie tenga que acordarse de apretar la tecla. Y que el socio que firma la política sea el primero en usarla: si el procurador ve que el socio pega expedientes enteros en el chat, la regla dura una semana.

También conviene hablar de los canales informales. Muchos clientes mandan su documentación por WhatsApp o por mail, y alguien del estudio la reenvía, la copia o la sube a un chat para ordenarla. Ese recorrido tiene que estar pensado: la foto del DNI que mandó el cliente no se sube a ninguna IA, y el texto que se pega pasa primero por la misma tecla que todo lo demás. Y si querés pasarle a la IA un chat de WhatsApp exportado, anonimizalo antes como cualquier otro texto.

Y si a pesar de todo un expediente con nombre llegó a un chat, lo importante es actuar rápido y dejar constancia de qué salió y a quién afecta, antes de borrar nada. Lo explicamos en qué hacer ante un incidente de seguridad con IA.

IA en el poder judicial: lo que cambia para el abogado

Quien busca «IA en el poder judicial» suele encontrar otra cosa: los tribunales que usan inteligencia artificial para ordenar expedientes, redactar proveídos o anonimizar sentencias antes de publicarlas. Es un tema distinto del secreto del abogado, pero toca tu trabajo por dos lados.

El primero es la verificación. Los modelos de IA inventan con aplomo: citan fallos que no existen, atribuyen a un artículo un texto que no tiene o mezclan la doctrina de dos tribunales. Un escrito firmado por un abogado con una cita falsa es un problema del abogado, no de la herramienta. La regla práctica es simple: toda cita de jurisprudencia o de ley que proponga la IA se busca en la fuente antes de presentarla, y el texto de las normas se copia de la fuente oficial, no del chat. Si tu jurisdicción publicó pautas sobre el uso de IA en los escritos, leelas y seguilas.

El segundo es la publicidad de las sentencias. Que una sentencia se publique anonimizada no quiere decir que el expediente del que salió sea público para cualquiera. Lo que vos sabés del asunto sigue cubierto por el secreto, aunque una versión del fallo esté en internet. Y si tenés que acompañar una resolución o un contrato sin los datos de terceros, podés censurar un PDF para que el dato desaparezca de verdad.

Contadores, médicos y escribanos: el mismo deber

El artículo 156 del Código Penal no habla sólo de abogados: alcanza a cualquiera que conozca un secreto por razón de su estado, oficio, empleo, profesión o arte. Y el artículo 10 de la Ley 25.326 alcanza a todos los que tratan datos personales. Por eso lo que sirve para el estudio jurídico sirve, con sus matices, para otras profesiones.

El contador maneja la situación fiscal de sus clientes, sus ingresos y sus deudas, con el CUIT y la clave fiscal al lado. Cómo usar la IA en un estudio contable sin sacar esos datos lo contamos en IA para contadores.

El médico suma la ley de derechos del paciente, que hace inviolable la historia clínica y obliga a guardar reserva a todos los que la manejan. Lo desarrollamos en historia clínica e IA.

Y el escribano tiene un secreto propio, el de los actos en que interviene, con escrituras que concentran en una página todos los datos de identidad de una persona. Lo repasamos en IA en la escribanía.

Una última observación para estudios que trabajan con otros profesionales. Cuando un perito de parte, un consultor técnico o un traductor público recibe material del asunto, recibe también una porción del secreto del cliente. Que cada uno tenga su propio deber profesional no te exime de cuidar lo que le mandás: tapá lo que no necesita para su tarea y contale cómo trabaja el estudio con la IA.

Una regla para llevarse

Si tuvieras que resumir esta guía en una línea para pegar arriba de la pantalla del estudio, sería esta: a la IA se le da el caso, no el cliente.

Los hechos, los plazos, los argumentos, el texto del contrato, la pregunta jurídica: todo eso puede ir al chat y es lo que hace útil a la herramienta. El nombre, el DNI, el CUIL, el domicilio, el expediente y cualquier detalle que permita reconocer al cliente se quedan en el estudio. Así se usa la inteligencia artificial sin poner en juego lo que hace que un cliente confíe en su abogado.

Nonimo es el software que hace esto en tu propia computadora: tapa nombres, mails y expedientes antes de que el texto llegue a ChatGPT. Sin cuenta, y la app lo hace sin que los datos de tus clientes salgan de tu equipo.

Preguntas frecuentes

¿Qué dice la ley sobre el secreto profesional del abogado?

La Ley 23.187, que regula la abogacía en la Ciudad de Buenos Aires, pone entre los deberes del abogado observar con fidelidad el secreto profesional, salvo autorización fehaciente del interesado (artículo 6, inciso f), y entre sus derechos, guardarlo (artículo 7, inciso c). En las provincias rige la ley de cada colegio. El Código Penal, además, castiga en su artículo 156 a quien revela sin justa causa un secreto conocido por su profesión.

¿Usar ChatGPT con un expediente viola el secreto profesional?

Depende de lo que pegues. Si el texto identifica al cliente y su asunto, se lo estás comunicando a una empresa ajena al estudio, que lo procesa y muchas veces lo guarda. Si el texto no permite saber de quién se trata, lo que recibe la IA es un caso, no el secreto de una persona. Nuestro criterio, prudente, es tapar siempre lo que identifica antes de pegar.

¿Puedo usar IA si el cliente me autoriza?

La Ley 23.187 admite que el secreto ceda ante la autorización fehaciente del interesado. Si querés que los datos del cliente lleguen a una herramienta de IA, esa autorización tiene que ser clara y por escrito, por ejemplo en el contrato de honorarios. Igual, casi siempre es más simple tapar los datos y no necesitarla.

¿El secreto profesional alcanza a los empleados del estudio?

Sí, por varias vías. La Ley 25.326 obliga al secreto a todas las personas que intervienen en el tratamiento de datos personales, y la Ley de Contrato de Trabajo pide al trabajador guardar reserva de las informaciones que lo exijan. Por eso conviene una política escrita para todo el estudio, no sólo para quien firma.

¿Qué datos del expediente hay que tapar antes de usar la IA?

Los nombres de las partes y los testigos, el DNI, el CUIT o CUIL, los domicilios, los correos y teléfonos, el número de expediente y el juzgado. También los detalles que permitan reconocer el caso sin nombres, como una fecha muy precisa o una cifra que salió en los diarios. Los hechos, los plazos y los argumentos se quedan.

¿Qué tiene que ver la IA en el poder judicial con el secreto del abogado?

Son temas distintos. La IA en el poder judicial es la que usan los tribunales para su propio trabajo. El secreto profesional es un deber del abogado frente a su cliente. Lo que comparten es una regla práctica: todo lo que se presenta con firma de abogado, haya ayudado o no la IA, tiene que estar verificado por el abogado.

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