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Cláusula de IA en el contrato de servicios profesionales

· Escrito y mantenido por Nonimo

Si el estudio usa inteligencia artificial para ordenar hechos, revisar escritos o preparar informes, tarde o temprano un cliente lo va a preguntar. Algunos ya lo preguntan antes de firmar, sobre todo las empresas, que tienen su propia política de uso de IA y quieren saber qué hacen sus proveedores con la información que les pasan. La mejor respuesta es la que ya está escrita en el contrato.

Esta guía explica qué contrato une al abogado con su cliente en Uruguay, qué dicen el Código Civil y el Código de Ética del Colegio de Abogados del Uruguay, y propone una cláusula de IA en dos versiones, lista para adaptar. No encontramos un modelo publicado en Uruguay: conviene tomarla como punto de partida, no como texto cerrado.

El contrato de servicios profesionales del abogado: lo que dice el Código Civil

En Uruguay, el contrato entre el abogado y su cliente es, por regla general, un arrendamiento de obras. El nombre suena a construcción, pero el Código Civil lo usa para cualquier servicio a cambio de un precio, y nombra expresamente a los abogados. Lo que importa para esta guía:

El mismo capítulo tiene un artículo pensado para otro tipo de obra que ilustra bien el tema de la IA: el empresario de una obra responde de las faltas y omisiones de las personas que trabajan bajo sus órdenes (artículo 1850). Una herramienta de IA no es una persona bajo las órdenes del abogado, pero la lógica es la misma: quien presta el servicio responde por todo lo que usa para prestarlo. Si un pasante se equivoca, responde el abogado. Si la IA se equivoca, también.

Honorarios y carta de encargo en la práctica

En la práctica casi nadie dice «arrendamiento de obras». Se habla de contrato de servicios profesionales, de carta de encargo, de propuesta de honorarios o de convenio de honorarios, y los nombres conviven.

El Código de Ética para la Abogacía Uruguaya, que el Colegio de Abogados del Uruguay publica en su sitio, dice que los honorarios se ajustan a los usos y costumbres del lugar, respetando el Arancel de Honorarios del Colegio, y que el abogado puede acordar con el cliente regímenes especiales para casos concretos (3.10.1). También dice que el abogado debe informar con precisión su importe, o los criterios para determinarlo, antes de asumir el patrocinio o tan pronto como sea posible (3.10.2). El artículo 3.7 agrega que, si el cliente lo pide, el abogado le informa incluso por escrito sobre el resultado previsible del asunto, los honorarios y la evolución del caso.

Por eso la cláusula de IA encaja de forma natural en ese documento. Si el estudio va a explicarle al cliente cómo trabaja, el lugar es el mismo papel donde le explica cuánto va a cobrar y qué incluye el servicio. Y la e-factura de honorarios no cambia: la cláusula es sobre el método de trabajo, no sobre el cobro.

Cuotalitis en Uruguay

El pacto de cuotalitis, por el cual el abogado cobra una parte de lo que obtenga el cliente, tiene en el Código de Ética una regla clara: fuera del pacto de cuotalitis celebrado por escrito antes de la intervención profesional, el abogado no debe adquirir interés pecuniario de ninguna clase en el asunto que patrocina (3.13).

Si el contrato tiene cuotalitis, la cláusula de IA va igual: el método de trabajo es independiente de cómo se calculan los honorarios.

Qué dice el Código de Ética sobre la IA

Nada, de forma expresa. El Código de Ética para la Abogacía Uruguaya no tiene un artículo sobre tecnología ni sobre inteligencia artificial, y no encontramos una guía del Colegio sobre el tema. Pero varios de sus deberes se aplican directamente:

Una cláusula de IA bien escrita deja a salvo los tres deberes. Si los datos se tapan antes de usar la herramienta, ninguna confidencia del cliente sale del estudio; si todo lo que produce la IA lo revisa un abogado, el escrito sigue elaborado bajo su dirección.

¿Hay que avisarle al cliente que el estudio usa IA?

Ninguna norma uruguaya lo exige hoy de forma expresa a un estudio jurídico. Pero hay tres razones para hacerlo.

La primera es la confianza. Si el cliente se entera después, la pregunta no va a ser si la IA ayudó, sino por qué no se le dijo.

La segunda son los clientes empresa. Muchas empresas, en especial bancos, aseguradoras y multinacionales, tienen su propia política de uso de IA y la exigen a sus proveedores. Tener la cláusula lista ahorra una negociación.

La tercera es la Ley 18.331 de protección de datos personales. Si los datos personales del cliente llegaran a la herramienta, el estudio tendría que cumplir varias reglas a la vez: informar al titular, entre otras cosas, de los destinatarios de sus datos y de si hay transferencias internacionales (artículo 13); contar con su consentimiento para comunicar los datos a un tercero, salvo las excepciones de la ley (artículo 17); y respetar el régimen de transferencias a países sin nivel de protección adecuado (artículo 23). Lo más simple es que no lleguen. La ley completa, explicada para empresas, está en la guía de la Ley 18.331.

La cláusula de IA, en dos versiones

Las dos versiones parten de lo mismo: el estudio usa IA como apoyo, la responsabilidad es del abogado y todo lo que la IA produce se revisa. Cambian en lo que pasa con los datos.

Versión A: los datos se tapan antes de usar la IA

Es la que recomendamos, porque es la más fácil de cumplir y de explicar.

CLÁUSULA [N]. USO DE HERRAMIENTAS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

[N].1 EL ESTUDIO podrá usar herramientas de inteligencia
artificial como apoyo en la investigación, la redacción
y la revisión de documentos relacionados con el encargo.

[N].2 Antes de ingresar cualquier texto en esas
herramientas, EL ESTUDIO sustituirá en sus propias
computadoras los nombres, números de documento de
identidad, datos de contacto, domicilios y demás datos
que permitan identificar a EL CLIENTE o a terceros, por
etiquetas sin significado. Los datos reales no se
ingresarán en las herramientas de inteligencia artificial.

[N].3 Todo documento preparado con apoyo de esas
herramientas será revisado por un abogado de EL ESTUDIO
antes de entregarse a EL CLIENTE o presentarse ante
cualquier autoridad. EL ESTUDIO mantiene la plena
responsabilidad profesional por el servicio.

[N].4 Esta cláusula no modifica el deber de secreto
profesional de EL ESTUDIO, que se mantiene aun después
de terminado el encargo.

Versión B: los datos llegan a la herramienta

Para estudios que trabajan con una herramienta en la que sí ingresan datos del cliente, por ejemplo un sistema de gestión de expedientes con funciones de IA. Acá hace falta informar al cliente y obtener su consentimiento, y conviene ser específico.

CLÁUSULA [N]. USO DE HERRAMIENTAS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

[N].1 EL ESTUDIO podrá usar la herramienta [nombre],
provista por [proveedor], como apoyo en la investigación,
la redacción y la revisión de documentos del encargo.

[N].2 EL CLIENTE, informado de la finalidad y del
destinatario, consiente expresamente que la información
del encargo, incluidos sus datos personales, sea tratada
por esa herramienta, que conserva la información por
[plazo] en servidores ubicados en [país] y no la usa
para entrenar sus modelos, según las condiciones
vigentes al [fecha].

[N].3 EL ESTUDIO informará a EL CLIENTE por escrito si
cambia de herramienta o si cambian esas condiciones.

[N].4 Todo documento preparado con apoyo de esas
herramientas será revisado por un abogado de EL ESTUDIO.
EL ESTUDIO mantiene la plena responsabilidad profesional
por el servicio y su deber de secreto profesional.

La versión B obliga a conocer bien las condiciones del proveedor y a mantenerlas al día. Si no se puede afirmar con certeza dónde se guardan los datos y por cuánto tiempo, lo prudente es la versión A. Y si el país de los servidores no tiene un nivel de protección adecuado, la versión B tiene que mirarse además a la luz del artículo 23 de la Ley 18.331.

Qué no conviene prometer

Dónde va la cláusula: contrato, carta o propuesta

No todos los estudios firman un contrato largo con cada cliente. Muchos trabajan con una propuesta de honorarios que el cliente acepta por correo, o con una carta de encargo de una página. La cláusula funciona igual en cualquiera de esos formatos, siempre que quede por escrito y el cliente la haya aceptado.

En una propuesta, la cláusula va como un punto más, después del alcance del servicio y antes de los honorarios. En un contrato, va junto a la confidencialidad: es donde el cliente la va a buscar. Y si el encargo es verbal, que pasa más de lo que se admite, un correo de confirmación con los términos principales, incluida la cláusula, es mucho mejor que nada.

Procuradores, pasantes y la IA

Un estudio no trabaja solo con abogados: hay procuradores, pasantes, asistentes y abogados asociados. Son también quienes más usan la IA para tareas rápidas: buscar jurisprudencia, armar un primer borrador, resumir un expediente.

Por eso la cláusula tiene una pieza interna que el cliente no ve: que todos en el estudio sepan qué se puede pegar y qué no. Si la cláusula promete que los datos se tapan, esa promesa la cumple, o la incumple, el pasante que a las once de la noche pega un escrito para llegar al vencimiento de un plazo. Una política escrita y una herramienta que tape en el momento de pegar son la forma de que la cláusula sea verdad.

Un ejemplo: el informe al cliente con etiquetas

Así funciona la versión A en el día a día. Un abogado del estudio quiere que la IA lo ayude a explicarle al cliente, en lenguaje sencillo, cómo va su juicio. Este es el texto que quiere pegar:

Cliente: Walter Pintos Silveira
Correo: cliente@example.com
Demandada: Graciela Olivera Cardozo

Pedido: resumir en lenguaje sencillo, para el cliente, en qué está el juicio de desalojo y cuáles son los próximos pasos.

Con Nonimo, una app para Windows y Mac que trabaja en la computadora del abogado, esto es lo que le llega al chat después de presionar la tecla, tal como sale de Nonimo:

Cliente: [PERSONA_1]
Correo: [CORREO_1]
Demandada: [PERSONA_2]

Pedido: resumir en lenguaje sencillo, para el cliente, en qué está el juicio de desalojo y cuáles son los próximos pasos.

Datos de ejemplo: los nombres son inventados y example.com es un dominio reservado para ejemplos.

Nonimo cambia por etiquetas los datos personales, como nombres, correos, celulares y teléfonos con el +598, direcciones o el número de pasaporte, y los marca en pantalla para revisarlos. Cuando el abogado copia la respuesta y presiona la misma tecla, los nombres vuelven a su lugar. El texto se tapa en la computadora; a Nonimo no le llega. Eso es exactamente lo que promete el punto 2 de la versión A, y es fácil de mostrar si el cliente pregunta.

La política de privacidad del estudio: la otra mitad

La cláusula le explica al cliente cómo se trabaja en su encargo. La política de privacidad del estudio le explica qué se hace con sus datos en general: para qué se usan, cuánto tiempo se guardan, a quién se comunican. Las dos tienen que decir lo mismo. Si la cláusula dice que los datos no llegan a la IA y la política de privacidad nombra a un proveedor de IA entre quienes tratan datos por cuenta del estudio, el cliente va a preguntar cuál de las dos es cierta.

Cómo adaptarla a cada tipo de asunto

Estudios contables y otros profesionales

La misma cláusula sirve, con pocos cambios, para un estudio contable, una consultora de recursos humanos o un corredor de seguros. Cambia la lista de datos (las claves de DGI y BPS, los balances y los recibos de sueldo para un contador; las pólizas y los datos de salud para un corredor), pero la estructura es la misma: qué se usa, qué se tapa, quién revisa y quién responde. Hay una página para estudios contables con lo propio de ese oficio.

Cumplir la cláusula sin depender de la memoria

Una cláusula que promete tapar los datos obliga a taparlos siempre, no sólo cuando alguien se acuerda. Si tapar lleva cinco minutos de edición a mano, en una semana con plazos alguien se lo va a saltear. Si lleva una tecla, se hace siempre.

Por eso hicimos Nonimo, para que el estudio tape en el momento de pegar: se selecciona el texto, se presiona una tecla y se pega en ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot. Antes de pegar se ve qué se tapó, y si algún dato queda a la vista, se selecciona y se tapa con un clic. Un número de expediente o un padrón, si no hacen falta, se cambian a mano. Y si el estudio tiene muchas computadoras, el área de informática puede instalar la extensión de navegador por política.

Cuando el cliente es una empresa con su propia política de IA

Las empresas grandes suelen mandar a sus proveedores un cuestionario o un anexo con su política de IA. Antes de firmar, conviene comparar lo que piden con lo que hace el estudio. Si su política prohíbe ingresar datos de la empresa en cualquier herramienta de IA, la versión A suele ser compatible, porque lo que entra no permite identificar a nadie. Si su política prohíbe usar IA sin más, la cláusula tiene que decir eso, y el equipo tiene que saberlo.

Lo que no conviene es firmar el anexo del cliente y seguir trabajando como siempre. Hay un modelo de política interna para que todo el estudio trabaje igual en política de uso de IA en empresas.

Corresponsales, peritos y otros estudios: la cadena del secreto

Muchos encargos pasan por más manos que las del estudio: un corresponsal en el interior, un perito contable, un estudio del exterior. Cada uno puede usar IA a su manera. Si la cláusula promete que los datos del cliente no llegan a la IA, conviene pedir lo mismo, por escrito, a quienes trabajan en el encargo. El Código de Ética ya pide informar al cliente de los convenios de colaboración con otros profesionales cuando se comparten honorarios (3.12.2); el uso de IA puede ir en la misma conversación.

La cláusula en las igualas y asesoramientos permanentes

En una iguala o un asesoramiento permanente, la cláusula va una vez en el contrato marco y se aplica a todos los asuntos. Conviene agregar que el estudio avisará si cambia de herramienta o de método, y revisar la cláusula una vez al año.

Los datos de la contraparte y de terceros

La cláusula protege al cliente, pero los expedientes traen datos de mucha más gente: la contraparte, los testigos, el personal de la empresa cliente, los hijos en un juicio de familia. Esas personas no firmaron nada con el estudio y, sin embargo, sus datos también están protegidos por la Ley 18.331. Qué pide esa ley cuando se usan ChatGPT, Claude o Copilot con datos de terceros está en inteligencia artificial y protección de datos.

Por eso el punto 2 de la versión A habla de los datos que permitan identificar a EL CLIENTE o a terceros. No es un detalle de redacción: si el estudio tapa el nombre del cliente y deja el de la contraparte, el problema se mueve de lugar pero sigue ahí. Y el secreto profesional, según el Código de Ética, comprende también las confidencias del adversario. La regla práctica es tapar a todas las personas por igual, sean clientes o no.

Las preguntas que hace el cliente al leer la cláusula

Cuando el cliente lee la cláusula por primera vez, casi siempre pregunta lo mismo. Conviene tener las respuestas listas:

Revisar la cláusula una vez al año

Las herramientas de IA cambian rápido, y sus condiciones de privacidad también. Una cláusula escrita hoy puede quedar desactualizada en un año, sobre todo la versión B, que nombra un proveedor y unas condiciones concretas. Conviene fijar una fecha al año para revisarla, junto con la política interna del estudio, y guardar las versiones anteriores con su fecha. Si un cliente pregunta qué decía la cláusula cuando firmó, va a ser fácil mostrarlo. Y si el estudio tiene una póliza de ciberseguridad, vale la pena revisarla en la misma fecha: qué cubre cuando la fuga viene de una IA lo contamos en seguro de ciberseguridad.

Antes de firmar: una revisión de cinco minutos

Antes de mandar el contrato con la cláusula, conviene revisar que lo que dice sea cierto hoy en el estudio:

  1. ¿Todos los que van a trabajar en el encargo saben qué se puede pegar en una IA y qué no?
  2. ¿Hay una forma de tapar los datos que no dependa de la memoria de cada persona?
  3. ¿Las herramientas que usa el estudio están en una lista, con cuenta de la empresa?
  4. ¿Alguien revisa todo lo que sale con apoyo de la IA antes de que llegue al cliente o al juzgado?
  5. ¿La política de privacidad del estudio dice lo mismo que la cláusula?

Si alguna respuesta es «no», hay que arreglarlo antes de firmar o cambiar la cláusula. Prometer en un contrato algo que el estudio no hace es peor que no prometerlo.

Si el cliente no acepta la cláusula

Puede pasar. Algunos clientes prefieren que su caso no pase por ninguna herramienta de IA, aunque los datos estén tapados. Es una decisión válida y conviene respetarla: se anota en el contrato («EL ESTUDIO no usará herramientas de inteligencia artificial en el presente encargo») y se avisa a todo el equipo que trabaja en ese asunto.

Cómo presentar la cláusula al cliente

No conviene esconderla en la letra chica. Se puede explicar en una frase al presentar el contrato: «Usamos IA para trabajar más rápido, pero los datos del cliente no le llegan: los cambiamos por etiquetas en nuestras computadoras antes de usarla, y todo lo que produce lo revisa un abogado». Dicha así, la cláusula es un argumento a favor del estudio, no una advertencia.

Más sobre cómo trabaja un estudio con Nonimo está en IA para abogados.

Y lo básico sobre cómo cuidamos la información, en nuestra página de seguridad.

Lo de arriba resume normas uruguayas y no reemplaza la opinión de un abogado sobre un caso concreto.

Nonimo es el software que hace esto en tu propia computadora: tapa los nombres, los correos y los datos de tus clientes antes de que el texto llegue a ChatGPT. Sin cuenta, y la app lo hace sin que los datos de tus clientes salgan de tu computadora.

Preguntas frecuentes

¿Qué contrato firma el abogado con su cliente en Uruguay?

Por regla general, un arrendamiento de obras en el sentido del Código Civil, que en la práctica se llama contrato de servicios profesionales, carta de encargo o convenio de honorarios. El artículo 1833 dice que toda especie de servicio material o inmaterial puede ser objeto de ese contrato y nombra expresamente los servicios profesionales de los abogados.

¿Es obligatorio avisarle al cliente que el estudio usa IA?

Ninguna norma uruguaya lo exige hoy de forma expresa a un estudio jurídico. Pero conviene hacerlo: genera confianza, muchos clientes empresa lo piden en su propia política de IA y, si los datos personales del cliente llegaran a la herramienta, entrarían en juego la Ley 18.331 y sus reglas sobre información, comunicación y transferencia de datos. La forma más simple es una cláusula en el contrato.

¿Qué dice el Código de Ética del Colegio de Abogados sobre la inteligencia artificial?

Nada de forma expresa. Pero varios de sus deberes se aplican directamente: el secreto profesional, que comprende las confidencias y los documentos del cliente; la competencia y la diligencia, que piden verificar lo que devuelve la IA; y la regla de que el abogado no firma escritos que no se hayan elaborado bajo su dirección y responsabilidad.

¿Se puede pactar cuotalitis en Uruguay?

El Código de Ética para la Abogacía Uruguaya lo admite si el pacto se celebra por escrito antes de la intervención profesional. Fuera de ese caso, el abogado no debe adquirir interés pecuniario en el asunto que patrocina. La cláusula de IA es independiente de cómo se calculen los honorarios.

¿Qué versión de la cláusula conviene usar?

La versión en la que los datos se tapan antes de usar la IA, porque es la más fácil de cumplir y de explicar: a la herramienta no llegan nombres, documentos de identidad ni domicilios. La otra versión, en la que los datos sí llegan, exige conocer bien las condiciones del proveedor e informar y obtener el consentimiento del cliente.

¿Qué se hace si el cliente no acepta que se use IA?

Se respeta y se deja por escrito en el contrato: «EL ESTUDIO no usará herramientas de inteligencia artificial en el presente encargo». Conviene asegurarse de que todo el equipo que trabaja en el asunto lo sepa, incluidos los procuradores y pasantes.

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